Los mercados asociativos al poder

“Antes no tenía dinero para producir y, si lograba hacer mi artesanía, no sabía dónde vender.” El testimonio de Elvira Burgos, hilandera de tradición mapuche, sirve de ejemplo. La mujer forma parte del Mercado de la Estepa, símbolo de la producción asociativa y solidaria, ubicado cerca de San Carlos de Bariloche. Desde hace un tiempo, las trabas para el trabajo de Elvira (y de otras y otros emprendedores) tienden a desaparecer. Un banco de lana cooperativo le permite acceder a la materia prima para confeccionar y vender sus ponchos y trabajar de forma autogestiva. Casos como el de esta mujer fueron reproduciéndose hasta dar vida a un proyecto provincial que hoy se materializa en la flamante Dirección de Mercados Asociativos. La iniciativa tiene su núcleo central en la producción agropecuaria familiar o de pequeña escala, que fomenta el comercio local como contracara al modelo agroexportador. En un duro contexto, tras varios años de sequía y la reciente lluvia de ceniza volcánica, este sector entiende que la crisis es una buena oportunidad para apostar a un cambio a favor de la “economía social”.

Dos meses atrás comenzó a desandar caminos la Dirección de Mercados Asociativos, que como objetivo general debe ejecutar la Ley provincial de Economía Social. La norma llegó de la mano de la iniciativa popular: tras dos años, se recolectaron 13 mil firmas. Un año más tarde, en 2009, la Legislatura provincial la aprobó y se convirtió en la primera ley en la provincia surgida de una iniciativa popular. Tras la reglamentación, finalmente emplazaron el organismo en Dina Huapi, localidad cercana a Bariloche, donde se asienta el Mercado de la Estepa.

Con diez municipios adheridos –Bariloche y El Bolsón, entre otros– y el objetivo de ampliar esa cifra a treinta antes de fin de año, el organismo propone “destrabar los circuitos” de un sistema “expulsivo” de los pequeños actores rurales. “A los codazos entre los grandes monopolios, así camina esta iniciativa”, cuenta Roberto Killmeate, director de Mercados Asociativos. El hombre se ganó un lugar dentro del Estado a fuerza de años de militancia cooperativa.

Unas 6000 familias campesinas, criollas y mapuches dan cuerpo a este espacio. En su gran mayoría son productores de la Estepa, que poseen pequeños rebaños. Los últimos cinco años de sequía y la caída de cenizas volcánicas del complejo Puyehue dejarán alrededor de 40 por ciento de mortandad de ovinos este año, y una producción de lana de escasa calidad, estiman en las chacras. Un panorama gris para sujetos rurales con poco margen de maniobra, y que empeora si sólo dependen de exportar esa materia prima.

Imagen: Mercado de la Estepa

El contexto, entonces, es propicio para multiplicar lo que desde 2003 practican en el Mercado de la Estepa. Allí exhiben sus productos pequeños chacareros y pobladores rurales que utilizan la lana para hacer tejidos artesanales. Además, se animan a diversificar la producción que se materializa en el comercio de “frutas, corderos, dulces y artesanías regionales”, enumera Killmeate. La gran ventaja, resalta el director, es que “el consumidor conoce al productor de pequeña escala, sabe qué produce, cómo lo produce”. Del otro lado del mostrador, el criador no depende del precio de exportación de la lana, puede colocar su elaboración de forma directa y se abren nuevas perspectivas productivas.

Los sábados, Elvira Burgos llega al mercado para ofrecer “carteritas, ponchos, mantas”, todo fruto de su saber ancestral. “Mi madre, que es mapuche, me enseñó”, comparte. Desde el hilado de la lana cruda hasta el teñido a base de yuyos, el proceso está bajo las artesanas manos de esta mujer. Burgos no tiene sus propias ovejas, pero un banco solidario de lana creado por otros miembros del mercado que crían ovinos le dan la posibilidad de obtener materia prima a bajo costo y tener un mayor margen de ganancia. Ejemplifica: “Compré por 60 pesos cinco kilos de lana cruda y con eso armé ovillos por 360 pesos”. La hilandera reivindica esta experiencia: “Antes uno se desanimaba. Ahora, me siento más persona, puedo mantener mi cultura, lo que sé hacer”.

Frente al Mercado de la Estepa se erige otra propuesta, por ahora hegemónica, el modelo agroexportador centrado en la lana. Ese esquema “requiere de mucha inversión tecnológica y grandes volúmenes, por lo que el pequeño criador o agricultor se ve afuera y termina vendiendo sus tierras”, explica Killmeate. “Es un círculo vicioso; expulsivo”, remata. Mediante el fomento de “puestos estratégicos de venta local y regional”, el asociativismo intenta reactivar la economía de los pequeños actores de la ruralidad. “Necesitamos abrir más mercados municipales y éste es un buen contexto”, para aprovechar que el modelo exportador centrado en la lana no está en su mejor momento, entiende Killmeate. Además de “estimular las economías regionales”, la apertura de nuevos espacios de venta hará más dinámica la relación entre las organizaciones rurales de base, interpreta Ana Basualdo, productora de ovinos y artesana dedicada al tejido a dos agujas.

De acá a fin de año la dirección cuenta con 300 mil pesos del presupuesto provincial para ejecutar sus acciones. Luego comenzará una nueva etapa, con cambio de color político en el gobierno provincial. Killmeate aclara su independencia frente a los partidos: “La clave de nuestros logros estará en la articulación con la sociedad civil y en la fuerza de las organizaciones”, reflexiona, a la vez que convoca a involucrarse con este modelo.

Informe: Leonardo Rossi.

Artículo publicado en PáginaI12 –11 de octubre de 2011–.

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