Encuentro con Raly Barrionuevo

Por Leonardo Rossi

La madrugada no logra menguar el sofocante calor de este enero. Exhausto, el cantor se aleja del escenario Martín Fierro, epicentro del Festival Nacional de Doma y Folclore (Jesús María, Córdoba). Logró que la juventud cumpla con el ritual; que las parejas danzaran zambas y chacareras por más de una hora. Da un paso, otro paso, varios pasos más y se refugia en su micro de gira: bicho que le abre los caminos de tierra adentro. Justamente “el andar, el viajar, el rodar” son las ideas fuerza que sobrevuelan su próxima grabación. Fija una mesa dentro del rodado como escenario para conversar. Teje relatos acerca de la música popular, en los que reivindica a los artistas “con mirada social” y destaca el rol del panameño Rubén Blades como guía de ese colectivo, y en medio de ese terreno puede largar un hachazo seco: “No regalaría mis letras a un Gobierno”.

Así es el hombre, le gusta hablar lo justo; la palabra precisa, sin rodeos. Reza su manifiesto musical bautizado ´Ey Paysano´: “Política hacemos todos al caminar”. Y en honor a su arte arroja frases en perceptible estado de pureza. “En Santiago del Estero hay lista negras de artistas”. Critica la denominada Ley Antiterrorista; no le gusta que lo “agarren de boludo”. Enmarca el asesinato de Cristian Ferreryra, su “compañero” del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (Mocase), como “reflejo” de un proyecto estatal de concebir el modelo agrario. El cantor de Frías ofrenda sus pensamientos. Aquí: Raly Barrionuevo, voz de “memoria y lucha nueva”.

 

Festival Nacional de Doma y Foclore de Jesús María, 2012.La miel se zambulle en una tasa de té. El preparado apacigua el ardor en la garganta del santiagueño. Los sorbos ponen los silencios, las pausas. Comienza la charla. Raly cuenta cómo cocina su nuevo disco, el sexto de estudio. Desea que para mitad de año pueda interpelar los oídos de muchas y muchos. No lo arrean presiones (ni cuenta con el apoyo de) discográficas o entes conexos. Esas variables modifican los límites temporales. La cantante cubana Yusa, con la que realizó una serie de recitales en 2011, colabora en la producción de los temas. “El disco tienen un punto en común que une a todas las canciones: el viajar, el andar”, conceptualiza.

Víctor Jara, Atahualpa, Violeta Parra afloran en el repertorio del cantor. Valora ese arte enraizado en el pueblo. En ese camino supo compartir proyectos con León Gieco, y con consagrados santiagueños: Dúo Coplanacu y Peteco Carabajal. El cronista le consulta acerca de las voces contemporáneas que lo movilizan. “Me han pasado bastante música de autores que escriben canciones propias y con una mirada social muy interesante. ¿Cómo se llama -consulta a Clara, tecladista de su grupo- la piba chilena que escuchamos el disco el otro día? La del homenaje a Jara -añade, justo cuando le surge el nombre-. ¡Francesa Ancarola! Y acá hay autores como Ramiro González, riojano que vive por Cuesta Blanca (Córdoba), un gran autor que va a dejar una obra muy importante. En el sur (Santa Cruz) está Eduardo Guajardo, y (Carlos) Aguirre en Entre Ríos.

“A la cabeza (de estos compositores) está Rubén Blades. Creo que ha marcado una línea nueva, al nivel de lo que en algún momento fue Marley, Silvio, los grandes autores. Y a su vez, Blades ha generado la difusión de muchos grupos, incluso de Calle 13.”

Queda claro, para Raly el vínculo del artista con eso que tildan de “realidad social” es un valor primario. ¿Cómo entiende esa posición del artista cuando queda supeditada a un proyecto político partidario? Plantea el cantor que ese tipo de política “es puro business”. Entonces, “entregar las canciones a un proyecto que se trata de un negocio, no lo haría”, sostiene. Y agrega -mientras su rostro refleja cierta incomprensión-: “Es difícil hablar de compañeros que han optado por estar en ese lugar, pero creo si sienten que ahí están construyendo el mundo que realmente desean, junto a un Gobierno, hay que respetar eso”.

Un reciente comunicado del Movimiento Nacional Campesino Indígena denunció que el gobernador santiagueño -el radical kirchnerista Gerardo Zamora- tiene vedados a varios artistas que levantan las banderas de la lucha campesina, entre ellos a Raly. “Hay una lista negra de artistas. Los que más la pueden sufrir son los compañeros que viven en Santiago -Raly vive en Córdoba-, porque ellos trabajan y dan de comer a sus hijos con los recitales que hacen, por ejemplo, cuando Cultura organiza un festival. No es que no me dejen tocar en Santiago, pero con la plata que sale de la función pública para cuestiones culturales hay una lista que estamos prohibidos”.

Su vínculo con el campesinado santiagueño lo ubica lejos de posturas posibilistas. El 16 de noviembre de 2011 fue asesinado Cristian Ferreyra (Mocase-Vía Campesina) a manos de sicarios, se sospecha, encargados por el empresario sojero Jorge Ciccioli. “Hemos estado charlando bastante con los compañeros del Mocase sobre el tema.” Respira hondo y larga: “Lógicamente que el panorama no es nada alentador, por las asociaciones que hay entre comisionados, policías, jueces. Que se haya muerto Cristian es el resultado de muchas cosas. No es que un tipo se puso loco, fue y le pegó un tiro. Es un tipo que trabaja para alguien. Esa gente fue a matar a un compañero y mientras estaba remontando para matar a otra compañera, que es la esposa del dueño de casa, fue que hubo un forcejeo y los tipos escaparon. Esa gente fue a matar. No hay dudas de eso.

-¿La repercusión nacional que tomó el caso cambió algo?

-Y la verdad que se viene complicada la mano. Lamentablemente no hay un buen augurio al respecto. Sí puedo decir que a la par de eso va a haber una resistencia más fuerte.

-En estos casos algunos medios le pegan al Gobierno, otros a los empresarios. ¿Cuál es tu análisis de las responsabilidades?

-Si Cristian está muerto es porque es el reflejo de por dónde está yendo la cosa, eso es lo que creemos. Todo bien con los planes (sociales) y esas cosas, pero a lo que se está bancando, tanto el gobierno provincial de Santiago como a nivel nacional, es a los monopolios y al capitalismo nacional. Ese capitalismo, sobre todo el que trabaja en el campo, que vive de la soja, lógicamente necesita que desaparezca gente como Cristian. Lo va a matar. Y ahí también, entiendo, hay un doble discurso con respecto a la Ley de Tierras (que limita la venta de hectáreas rurales sólo a propietarios extranjeros). Porque se va a seguir favoreciendo a este capital nacional, y eso es más desmonte, más soja para los grandes.

-Hablás de más resistencia, ¿cómo interpretás la llamada Ley Antiterrotista?

-Veo que algunas organizaciones de derechos humanos o gente que apoya al gobierno nacional dice: “Estamos tranquilos porque este Gobierno no la va a usar”. ¿Y para qué mierda la votan digo yo? ¿Para qué la votan ellos, si no la van a usar? Nos están agarrando de boludos me parece.

Ahí está él, con su reclamo para que el suelo rural esté poblado de campesinos; para bancar las resistencias. Llega el principio del final. Raly deja un advertencia para que eche raíz en la conciencia popular: “El tipo de campo tiene tan interiorizado su alrededor, su profundo vínculo con el lugar, que su lucha por quedarse allí va a ser siempre mucho más fuerte. Y con eso no hay vuelta atrás”.
Da un apretón de manos al cronista.  Lo despide. Se recuesta sobre el asiento. Vuelve al camino. Sale a oír nuevas historias silenciadas, a ponerles su voz.

Entrevista publicada en Marcha.org.ar –23 de enero de 2012–.

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