El costo humano del petróleo

El recientemente editado Zonas de Sacrificio (Impactos de la industria hidrocaburífera en Salta y Norpatagonia) pone en palabras, y apuntala con datos duros, el no relato acerca de este sector que motoriza cada día el país. Realizada por el Observatorio Petrolero Sur, y editada por América Libre, esta investigación volcada al papel da cuenta de las implicancias socioambientales del actual modelo energético: expulsión de campesinos e indígenas de sus tierras, acciones violentas tercerizadas o directamente encarnadas por el Estado, altos costos sanitarios, y degradación ambiental al por mayor, entre otras. Como respuesta, el ejemplo de las comunidades que resisten y un llamado a repensar la producción de energía.

Hernán Scandizzo y Diego di Risio, en la Facultad de Periodismo UNLP.
Imagen: Colectivo Tinta Verde.

Facultad de Periodismo, Universidad de La Plata. El politólogo Diego di Risio, y el periodista Hernán Scandizzo acaban de presentar el fruto impreso de tres años de trabajo. El equipo lo completan Marc Gavaldá (licenciado en Ciencias Ambientales) y Diego Pérez Roig (licenciado en Ciencia Política). Tras la disertación, los autores cuentan al cronista algunos aportes que ofrece el libro ante el nuevo panorama energético nacional, en discusión desde la irrupción del Estado como accionista mayoritario de YPF. Di Risio alerta que frente a la crisis energética el Gobierno “plantea ampliar la frontera hidrocarburífera”. “Se sigue reforzando la dependencia de los hidrocarburos. Ahora, con el gas y petróleo no convencional –que requiere un proceso de extracción más sofisticado que el tradicional–“.

A contramano, el libro aboga por “buscar energías alternativas” y plantea un modelo en el que los propios pueblos afectados por esta industria “sean actores centrales en la formulación de las políticas energéticas”, señala el autor. Sobre esa necesaria participación de las comunidades ante emprendimientos que alteran su forma de vida, un mensaje subyace todo el libro: adonde irrumpen las empresas petroleras, la falta de consulta (y menos aún de consentimiento) a las comunidades indígenas, tal como indica legislación internacional, la Constitución nacional y normas provinciales, es la norma común.

Algunas consecuencias palpables del avance empresario que se encadenan: desmonte, pérdida de hábitos alimenticios vinculados al entorno natural, debilitamiento de la salud, que en ciertos casos llega a muertes por desnutrición. En ese camino de pobreza inducida, la migración a las periferias urbanas se vuelve una posibilidad concreta. La desocupación, las adicciones, la violencia son preocupaciones de los comuneros reflejadas en el libro. Zonas de Sacrificio evidencia que, en su cara más inhumana, el accionar del sector petrolero presenta puntos de semejanza con (y es complemento necesario de) los modelos agroindustrial, liderado por la producción de soja, y de minería a gran escala.

Gasoducto en Misión Wichí Mataco, Mosconi (Salta).
Imagen: Observatorio Petrolero Sur.

La investigación apunta a empresas como Exxon, Apache o Repsol, pero también enfoca con precisión en el rol clave que el Estado tienen en este entramado. Desde sus competencias, los tres poderes apuntalan la maquinaria extractiva, a pesar de algunos actores que intentan inclinar la cancha: jueces, trabajadores de Parques Nacionales, y legisladores que actúan casi en soledad, entre otros.

El caso de Neuquén es tal vez el que mejor ilustra la decisión política de avanzar con lo proyectos extractivos a como dé lugar. En tierra gobernada por el Movimiento Popular Neuquino, “la violencia paraestatal se ha tornado un complemento de las fuerzas de seguridad”, señala el libro. No se vislumbra un futuro promisorio: según informes de 2011, en la provincia norpatagónica habría reservas de gas no convencional por un valor de tres billones de dólares. La carrera por ese botín ya está en marcha.

Empresa Apache dentro de la comunidad mapuche Gelay Ko, de Zapala (Neuquén).
Imagen: Observatorio Petrolero Sur.

La cuota de esperanza la ponen comunidades indígenas organizadas –Misión Tolaba (Mosconi), Huenctru Trawel Leufú (Picún Leufú), y Mellao Morales (Campana Mahuida), entre otras– que con la obtención de fallos favorables en el Poder Judicial han logrado detener, al menos de forma temporaria, varios proyectos. Scandizzo hace un llamado a los agentes del Poder Judicial, ya que advierte que el cumplimiento del derecho indígena debería llegar desde un primer momento y no catalizado por los planes de lucha: “En los casos que se cumple la normativa, siempre se da en el marco de la resistencia, que muchas veces implica la judicialización (de la protesta)”.

“Queríamos que el libro sirva como herramienta para hablar no sólo de quién se apropia de la renta sino de la necesidad de avanzar hacia otra matriz de desarrollo”, remata Scandizzo, en alusión al epílogo de Zonas de Sacrificio. Allí evalúan la necesidad de reducir el consumo de sectores productivos, “como el primario exportador”, además de abrir el espectro energético.

Repensar la propia idea de desarrollo es la tarea que proponen. Y en ese camino, remarcan, las cosmovisiones indígenas hacen un gran aporte conceptual: “La naturaleza no es un objeto ni un recurso económico, sino que es espacio de vida.”

Artículo publicado en Marcha.org.ar –16 de julio de 2012–.

 

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