Atrazina, con lupa ambiental

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Raúl Candela, agrónomo, extensionista del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA-Jesús María), realiza una maestría en Ambiente de la facultad de Exactas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Su tema de estudio: la degradación de la atrazina (herbicida) y su posible impacto en aguas subterráneas. “Estamos a tiempo de no cometer excesos, como ocurrió en otros sitios”, advierte.

Aclara que no está en contra de la utilización de los agroquímicos si no que apuesta por una agricultura que “no avance sobre nuevas superficies, diversifique la producción,y use responsablemente lo que yaexiste”. “Los fitosanitarios son una herramienta más, no hay que ser excesivamente dependientes. Hay otras alternativas”, completa.

Cultivo de maíz donde el INTA releva los efectos de la atrazina (foto: Raúl Candela).
Cultivo de maíz donde el INTA releva los efectos de la atrazina (foto: Raúl Candela).

La atrazina interesó a este ingeniero por lo que implica usar a escala masiva un químico –se aplica principalmente en la pre-siembra del maíz, unas 4 millones de hectáreas– “que en agua no se degrada”. A partir de ese dato objetivo, “la idea es evitar que haya una lixiviación a las napas”. Lo que más preocupa a Candela es la combinación de atrazina con fertilizantes nitrogenados, ya que el herbicida es degradado por microorganismos (biota del suelo) que ante la presencia de nitrógeno optan por este químico como “alimento”, obturando la conversión a metabolitos inocuos del agroquímico estudiado. Recién a fin de año, el agrónomo tendría resultados de laboratorio acerca de sus sospechas.

También no deja de alertarlo la cantidad de atrazina aplicada, que de ser alta,“en un largo plazo podría acumularse en las napas y generar la degradación de diversas especies vegetales”. “Aún estamos a tiempo de evitar esto”, aclara.

En Córdoba “una dosis es de un kilo o kilo y medio de atrazina en presentación sólida al 90% del producto, por hectárea”, explica. Con esta cantidad promedio, y el tipo de clima y suelo local, “en general se habla de 180 días de degradación”, pero “hay otros lugares del mundo donde tarda de tres a seis años, debido a la cantidad que aplican y las condiciones ambientales”. Candela espera que su trabajo sirva a “mejorar el uso y evitar posibles cambios de manejo que nos lleven a cometer errores que ya hubo en otras zonas, sobre todo de la cantidad utilizada”.

El caso uruguayo

En 2011 el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca (MAGP) de Uruguay puso límites a las dosis aplicables del herbicida, debido a que “el incremento y continuidad en el uso de productos a base de atrazina ha producido aumento en los niveles normas de residuos en fuentes de agua subterráneas y superficiales”. Esta cartera de Gobierno estipuló en un kilo, por hectárea-año, la dosis permitida de este agroquímico. Una modificación posterior avaló la utilización de un kilo y medio sólo para el caso del sorgo.

En Uruguay se realizaron registros en plantas potabilizadoras y entradas de agua potable, por ejemplo en Aguas Corrientes, de Canelones, “donde en febrero de 2010 se encontraron resiudos de este herbicida”, apunta un artículo de la Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas para América Latina (RAP-AL).  Al limitar el uso de atrazina, el MAGP fundamentó la “prioridad” de instrumentar “medidas de restricción a la aplicación de sustancias activas fitosanitarias potencialmente peligrosas para la salud humana y el ambiente”.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud sobre Agua, Saneamiento y Salud “hay pruebas de que la atrazina puede inducir tumores de mama en ratas”. Desde la RAP-AL, red de organizaciones que analizan los impactos ambientales de la agricultura industrial, apuntan que frente a la exposición alaatrazina puede  aparecer “irritación severa de ojos, piel y vías respiratorias”, entre otras afecciones. Mientras que a largo plazo podría interferir “con el sistema endócrino provocando en la reproducción y malformaciones congénitas”.

Una mirada global

Por fuera del estudio específico que lo ocupa en estos días, Candela se permite opinar acerca del impacto que generó el caso de Ituzaingó Anexo, en el que dos productores y un aeroaplicador fueron condenados por violar la ley de residuos peligrosos (24.051), al arrojar agroquímicosy afectar a una zona urbana. “Lo bueno que ha generado este juicio fue ponerle un freno a la escalada de excesos en el uso, como ir con el avión por todos lados.Fundamentalmente, sirve para ponerle más ojos al tema de las aplicaciones aéreas: hay que entender que cerca de la gente no se deben hacer y punto. No hay discusión.” Y aclara: “no es que la aplicación terrestre es inocua, pero tiene otro control, y si tiene que ser a mil metros, es a mil metros”.

“El tema de los productos fitosanitarios no se está encarando seriamente a nivel municipal, provincial y nacional, salvo algunas excepciones” y al no mostrar “un verdadero interés en resolver un tema tan espinoso” desde el Estado se favorecen “las situaciones de conflicto y desconocimiento”. En el medio, apunta, “hay gente que hoy está desprotegida”.

Artículo publicado en Marcha.org.ar –27 de marzo de 2013–

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