Del productor al consumidor

Una amplia paleta de colores deleitaba a los visitantes. Frutas, dulces, tejidos, flores, semillas, artesanías en madera o plata, canastos de mimbre, y más producciones surgidas de variadas
geografías decoraron el Segundo Encuentro Nacional de Ferias Francas y Mercados Solidarios, celebrado en la ciudad de Corrientes. Durante tres jornadas, más de 2.500 feriantes de todo el
país dejaron evidencia de que otra economía es posible. El gran desafío, que se planteó en cadamesa de debate,mateada o discurso de funcionarios y técnicos, «achicar la intermediación entre productores y consumidores».

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Más de 2.500 feriantes de todo el
país dejaron evidencia de que otra economía
es posible.

Que el encuentro se haya realizado en Corrientes no fue cosa fortuita. El antecedente de este evento se remite a 2011 y también fue en el Noreste Argentino (KIH), en la ciudad de Posadas, Misiones. Es que esta regióndel país es lamás avanzada en materia de comercialización de productos campesinos e indígenas de forma
directa. En Misiones, Chaco, Corrientes y Formosa el 96% de este tipo de mercados funcionan con una periodicidad semanal, otros, entre una y cuatro veces por semana y algunas abren de forma
diaria. Además, «el 81,6% de las ferias se encuentra habilitado por la autoridad municipal, por Concejo Deliberante o Municipio», según datos de la Federación de Organizaciones Nucleadas de la Agricultura Familiar (Fonaf). Este colectivo está formado por 460 organizaciones asociadas y 400 adherentes, que representan
a más de 180.000 familias en el medio rural y es reconocido por el Ministerio de Agricultura.
Una trama productiva, más humana, pensada y sentida desde y para la comunidad afloró en la feria. La necesidad de mejorar los canales de venta carga con historias, rostros, voces y sentires. Alba Paillalaf vive cerca de la costa de Chubut, la llamada «zona cinco», área de Treorky, al lado de Trelew y Gaiman. Esta mujer mapuche-tehuelche habita una chacra de cinco hectáreas, donde practica agroturismo
y comparte su cultura junto con una veintena de familias. A esa actividad Paillalaf suma la producción de papa, cebolla y plantas de hoja que vende en forma directa.
Pero lo que destaca en el puesto patagónico son los tejidos. «Trabajo con lana de oveja merino, 21 micrones, muy fina,
muy cara, y hago tintes con plantas nativas como jarilla, fume, algarrobilla, molle, todas especies de la zona», explicó con
orgullo, y compartió que su madre «siempre hizo tejido» y de ella aprendió este arte. El gran trabajo que se refleja en los pulóveres y chales encuentra sus limitaciones al momento de la venta. «La comercialización es un problema», porque «el público común no compra tejidos y telares». El tejido artesanal –dijo Paillalaf– «se orienta al turismo pero no hay una salida directa», a pesar de que la comunidad está cerca de Puerto Madryn. Ingresar en ese circuito comercial «es difícil » y cuando entran productos tejidos de este colectivo «son vendidos al doble de precio». «Un local de venta para
los pequeños productores sería algo bueno», propuso.
En el otro extremo del país, Tartagal (Salta), Alejo Ramos encabeza una feria campesina-indígena donde «se pueden fijar precios» y el productor tiene «más poder de negociación». Ramos recuerda
cuando salían a recorrer los caminos con canastos, y «la gente ponía el precio, siempre tiraba para abajo». Desde 2004, pollos, patos, chanchos, la papaya nativa, el mango, el pomelo, reconvertidos en
dulces, y variedad de escabeches pueden ser conseguidos en el mercado local de agricultores familiares, donde productor y consumidor terminan beneficiados.

Una gran red 
Gabriela Villanueva coincidió con Ramos en la «gran ventaja» que significa «vender a un precio que sirva» al agricultor y al mismo tiempo poder ver a la cara al consumidor y explicarle «cómo se produce». Esta joven productora de BellaVista, Corrientes, forma parte del grupo agroecológico Las Tres Colonias, donde apuestan por «alimentos que hacen bien al ambiente y a la salud», ya que no utilizan suplementos químicos en el proceso productivo.
Limón,mandarina,naranja, quinotos, batata, porotos, sandía, zapallo, maíz, mandioca, entre otras frutas y verduras, pueden conseguirse todos los miércoles en la terminal y en la plaza de Bella Vista.
«Ahí se genera un contacto», entonces, el productor tiene margen para hablar no sólo de los precios sino de «la salud del producto, y la importancia de la duración de la verdura, que está fresca, recién cortada».

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El desafío quedó planteado y los productores asumieron el compromiso de avanzar en una «gran red de ferias».

La feria sirvió de espacio para incrementar el capital cultural. Mujeres y hombres se cruzaban de un puesto a otro, conversaban, narraban experiencias productivas, estrategias de venta. En ese
ida y vuelta, entre diversos mercados acordaban futuros intercambios de bienes que abundan en un punto del país y escasean en otro. Un caso testigo fue el de las bananas en Formosa, que presentan un importante excedente, tal como ocurre
con la miel en la serranía cordobesa.
Elba Díaz, «pequeña productora» de Famatina, La Rioja, es otro ejemplo de estas iniciativas. En su caso, avanzó en el «contacto con otras personas para ofrecer las nueces». En esa zona riojana, los
agricultores familiares logran entre 1.000 y 2.000 kilos de nuez por año, pero es poco lo que pueden colocar en ferias locales y terminan vendiendo a empresas más grandes a 14 pesos el kilo, «muy
poco». Por eso, enfatizó Díaz, «es muy importante poder intercambiar producciones con otras ferias».

El desafío quedó planteado y los productores asumieron el compromiso de avanzar en una «gran red de ferias». Para no quedarse en propuestas, los feriantes nucleados en la JLKHJ impulsaron que el encuentro nacional se realice todos los años, y en el corto plazo se comprometieron a avanzar en un relevamiento
de todos los mercados solidarios del país y especificar las producciones que tienen posibilidad de ser intercambiadas,
con articulación directa entre los productores.
Así se evitará la intermediación de empresas que tan sólo por transportar o acopiar elevan de forma significativa el valor de los alimentos y de las diversas producciones locales. Otra economía es
posible: más de 2.500 puesteros dieron testimonio de esta realidad.

Artículo publicado en revista Acción (IMFC) -julio 2013-

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