Sembrar alimentos sanos, herramienta en la lucha por la tierra

Llevan allí más de seis meses. Sin agua. Sin luz. A pura voluntad. Ante la adversidad, responden una y otra vez con creatividad y esperanza. No ceden. Y hacen de la dignidad una bandera interminable. Las protagonistas son más de 300 familias que ocupan once hectáreas en Juárez Celman. Se instalaron en busca de un pedazo de tierra en la que construir sus hogares. A pesar de estar imputados por el delito de usurpación y no contar con una solución habitacional a la vista, los habitantes del predio eligen sembrar vida en el lugar. Entre varios proyectos comunitarios avanza sólida la puesta en marcha de huertas familiares y comunitarias, apuntaladas por técnicos de la Secretaría de Agricultura Familiar de la Nación. “Le estamos metiendo pila, a pesar de la falta de agua”, comparte Daniel Galian, 27 años, ladeado por sus hijos de cuatro y cinco años.

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  Desde junio de este año cientos de familias ocupan lotes que estaban baldíos en el barrio norte de Juárez Celman, propiedad de la empresa Urbanor. Pese a distintas instancias de diálogo, con la Provincia y el Municipio, los ocupantes no obtuvieron respuestas satisfactorias a la demanda de hábitat. Recorre la zona deja a la vista que las personas que están en el predio, tras seis meses sin agua, no son especuladores. Tienen una necesidad urgente: tierra para habitar. El caso de Galian sirve de ejemplo. “A la toma llegué porque no tenía donde vivir. Éramos cuatro familias en la casa de mi suegro.”  Hoy se las arregla en una de las muchas carpas improvisadas con palos, nylons y chapas.

  La situación de numerosos grupos familiares en los suburbios cordobeses, y en municipios como Juárez Celman puede analizarse de forma clara a partir del trabajo ‘Tomas de Tierras en la Provincia de Córdoba’, del grupo de investigación ‘El llano en llamas’ que reporta un déficit  habitacional en casi el 50 por ciento de los hogares cordobeses. El documento del año 2013, indica un aumento de la población de los asentamientos marginales en un 62 por ciento, entre 2001 y 2010. Córdoba presenta “hacinamiento crítico” en el 3 por ciento de sus hogares, situación que impacta sobre casi 200.000 personas. Y más de 350 mil ciudadanos, 10 por ciento de la población, poseen viviendas deficitarias.

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Saberes latentes

  La cruda realidad no significa un freno para familias como la de Galian. Aunque al predio no le suministran agua, los vecinos organizaron una huerta comunitaria. “Fui de los que empezó con eso, con mi hijo echando agüita y yo haciendo canteritos”, cuenta orgulloso el joven. La propuesta comenzó a replicarse en varias viviendas y a tomar forma de proyecto para todo el barrio con el acompañamiento de la Secretaría de Agricultura Familiar (SAF). La iniciativa de este organismo no es exclusiva para Juárez Celman, sino que abarca una propuesta regional de producción de alimentos sanos y baratos por parte de familias urbanas y periurbanas de la provincia. La meta es incorporar o reincorporar “mil familias de toda la provincia a la agricultura familiar a través de la producción de hortalizas y frutas en los cinturones verdes de las localidades y ciudades en el plazo de dos años”.

  Al cierre de una jornada de talleres de agroecología para los vecinos de este predio, Jorge Agostini, técnico de la SAF, explica las ventajas de esta producción, en la que no se utilizan agroquímicos, se apuesta por la rotación de cultivos y la fertilización natural del suelo.

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“Buscamos producir alimentos sanos, defender la soberanía alimentaria, y bajar el nivel de toxicidad de las personas que participan”, apunta el agrónomo luego de ser escuchado por unas cincuenta personas. En el plano alimentario, “una pequeña huerta te ayuda al menos diez días al mes a parar la olla”. Y “si vas aumentando, podés autoabastecerte y vender excedente”. “Lo ideal sería que cada familia tenga para autoconsumo y contar con un predio comunitario para comercializar en distintas ferias que hay en la Provincia”, proyecta Agostini.

  El proyecto de la SAF apunta a recuperar esos saberes latentes de familias que supieron habitar el campo. El caso de Galian aplica. El joven cuenta que su abuelo jujeño supo labrar la tierra. Más claro es el ejemplo de Juan Carlos Amaya (63). “Yo vengo del campo, de Deán Funes, conozco el sembrado de maíz, de papa, de zapallo. Trabajé con un arado y un caballo hasta los veinte años.”  El hombre celebra esta iniciativa: “Para mí lo mejor es sacar la verdura de la quinta y hacer de comer. Si no te meten un montón de ‘giladas’”.

 Alimento y trabajo

  Otro de los objetivos del Programa de Agricultura Urbana y Periurbana es potenciar esta actividad como fuente laboral. “Tenemos en Córdoba un cinturón verde que está llegando al cincuenta por ciento del abastecimiento. Entonces hay un campo laboral para ocupar a partir de esa demanda no satisfecha”, explica Pablo Montes, de la SAF. En esa línea de trabajo se realizó un operativo de inscripción al Registro Nacional de la Agricultura Familiar y de Monotributo para “brindar cobertura social” a estos nuevos agricultores.

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Pablo Galian fue uno de los más de cuarenta vecinos que rápidamente se embanderó con esta propuesta. “Me gustaría que sea una fuente de trabajo para mí, que estoy desempleado, y para muchos de los jóvenes que estamos acá.” “¿Por qué no?”, desafía.  “Me gustaría mucho trabajar con las plantas y poder salir a vender”, se entusiasma con la confianza en que esta actividad sirva no sólo para alimentar de forma sana a su familia sino también para hacerse con un salario digno.

Artículo publicado en http://www.radiolaronda.com.ar –3 de diciembre de 2014–

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