Un reclamo con Porta cerrada

Desde hace tres años, vecinos de la zona sur de la ciudad de Córdoba reclaman por su salud. Cansados del aire irrespirable que, denuncian, emana de una planta de la empresa Porta Hermanos, decidieron encadenarse dentro del Municipio. Lo que exigen es una respuesta del intendente Ramón Mestre al pedido para que erradique esa fábrica de bioetanol. La respuesta: un gran operativo policial. “Sólo queremos dialogar porque nos están enfermando, y te mandan un escuadrón”, lamenta Silvia Cruz (48), del barrio San Antonio. Desde la municipalidad dicen que “se dialogará con los vecinos” y que “por ahora no hay elementos para sacar a la empresa”.

Frente a la falta de respuesta a una problemática de años, Cruz junto a otras mujeres y hombres decidió comenzar un acampe en el frente de la Municipalidad. Allí se encadenaron el 27 de abril, luego de realizar el pedido por mesa de entrada para tener una audiencia con el mandatario radical. El jueves, trasladaron el campamento al interior del edificio. Lo que creyeron sería una medida más efectiva, se convirtió en una pesadilla. “Nos enviaron un escuadrón de la policía, cuando éramos seis personas (cinco mujeres) que no somos peligrosas”, relata la mujer. “Fue un momento de terror porque nos maltrataban psicológicamente”, asegura sobre esos dos días siguientes sin acceso a agua, comida y baños. La protesta se levantó en la medianoche del viernes, cuando arribó el vice intendente Marcelo Cossar y se comprometió a gestionar un encuentro con Mestre. Organismos como Hijos, APDH y la Coordinadora Antirrepresiva repudiaron el accionar policial y acompañaron el reclamo ciudadano.

El barrio San Antonio se ubica al sur de la capital cordobesa. Es una zona residencial, dominada por chalets, calles asfaltadas y una mega planta industrial. La empresa Porta está allí desde inicio de los noventa. En general sin problemas con el vecindario, más allá de algún ocasional olor pestilente. Todo cambió en 2012. “Empezamos a reunirnos porque en las conversaciones diarias nos dimos cuenta que teníamos muchas afecciones: dolores de cabeza, migraña, ojos rojos, tos, alguna urticaria”, enumera Cruz, sentada en su cocina donde, no es un detalle menor, la ventana está cerrada. Su casa está pegada a la empresa.

Imagen: Colectivo Manifiesto
Imagen: Colectivo Manifiesto

En paralelo a los problemas sanitarios, “aumentaba el olor a podrido en el ambiente”. Para esa época, Porta, famosa por su alcohol etílico o por producir fernet, había iniciado allí un nuevo proceso industrial. A partir del procesamiento de maíz transgénico comenzó a producir bioetanol a una escala de 100.000 litros diarios, según informa la Red Universitaria de Ambiente y Salud (Reduas).

La problemática derivó en la conformación del colectivo Vecinos Unidos en Defensa de un Ambiente Sano (Vudas). Desde ese espacio pidieron a la Reduas una evaluación sanitaria del barrio. El informe médico puso números al padecer del barrio: “Se informan cefaleas, dolor de cabeza, migrañas en el 43 por ciento de los habitantes del barrio” y “los trastornos respiratorios se encontraron en el 33 por ciento”. La Reduas aclara que “todas las prevalencias son varias veces superiores a la de las poblaciones sanas”.

Vudas también accionó penalmente para que se investigara el funcionamiento de la planta de bioetanol y sus posibles impactos ambientales. En el marco de esa causa, que instruye el fiscal José Mana, hubo diferencias sustanciales entre las pericias de parte de los vecinos y las presentadas por los peritos oficiales.

En representación de los denunciantes, el ingeniero químico Marcos Tomasoni concluye que la calidad de aire peritada en los alrededores de la planta, entre julio y octubre de 2014, “supera los valores” que marca la Ley Nacional de Residuos Peligrosos (24.051). Y detalla el impacto de sustancias halladas en el ambiente como el formaldehído, tolueno y xilenos, encontradas también en el proceso que realiza Porta. El informe agrega que en cortas exposiciones, el formaldehído irrita los ojos y el tracto respiratorio, y su inhalación puede originar edema pulmonar. Además la exposición prolongada a esta sustancia puede producir cáncer. En el caso del tolueno se puede ver afectado al sistema nervioso central. Mientras que los vapores del xileno causan dolor de cabeza y mareos, y pueden facilitar el desarrollo de edema pulmonar.

El peritaje oficial dijo otra cosa: las concentraciones de los compuestos hallados no superaron lo permitido por normativa norteamericana, sin contemplar la ley nacional que se ajusta al caso. No obstante, a partir de los informes oficiales el equipo técnico que acompaña a los vecinos interpretó que “los cálculos reflejaron altas concentraciones de contaminantes relacionados con la planta”. Las concentraciones de las muestras figuran en una unidad denominada “Mg”, y tratándose de miligramo, “dos de las muestras superan los valores permitidos por la Ley de Residuos Peligrosos para mezclas de contaminantes en aire”, apunta el abogado de Vudas Darío Avila.

Los peritos oficiales aclararon que las unidades debían leerse en “microgramo”, es decir en una concentración 1000 veces menor. “En el sistema métrico legal, la unidad que simboliza al microgramo se representa ‘ug’”, apunta Avila sobre ese extraño error. Frente a esta desprolijidad, la defensa de los vecinos pidió el desarchivo de las actuaciones ordenadas por el fiscal Mana, “cuestionando aspectos técnicos del peritaje oficial, como así también aspectos jurídicos en relación al encuadre legal hecho por el fiscal”.

Desde Vudas también iniciaron a fin del año pasado un proceso administrativo ante el Municipio solicitando se ordene a Porta el cese definitivo de las actividades. Hasta ahora, la gestión de Mestre no respondió.

En diálogo con Página/12, el viceintendente Cossar asegura que “no hay motivos válidos para que se erradique” la planta de bioetanol, en base a “lo que surgió de la causa penal”.

“Este aire que respiramos las 24 horas del día nos va a matar. Es algo en cuenta gotas”, dice desesperada Silvia Cruz. Y agrega que “muchos vecinos ya se fueron y otros planean irse”, pero otros no pueden o no quieren dejar el barrio. La mujer es determinante: “¡No vamos a negociar, le exigimos a Mestre que saque esta planta de acá!”.

Artículo publicado en PáginaI12 –1 de junio de 2015–

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